Estimados amigos, les ofrecemos con gusto cada semana un artículo que alimente y fortalezca su devoción al Señor.
"LA OFRENDA DE LA TUMBA"
Por Lic. Ronald Mora Rojas.
"Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña..." (Mateo 27:59-60a).
Cuando estudio en la Biblia, acerca de la ofrenda que le dio José de Arimatea a Jesucristo, me hace reflexionar sobre la gran generosidad de este hombre y porqué se preocupó para que Jesús tuviera un lugar digno donde poder ser sepultado. Mientras la multitud observaba la crucifixión y sacrificio del Señor, José realizaba 2 trámites: preparaba la tumba nueva que había comprado y le solicitaba a Pilatos el permiso para retirar el cuerpo de Jesús del madero.
Ninguna de las personas cercanas a Jesús había pensado en eso (ni su familia, ni sus discípulos, ni los amigos de Cristo), pero José sí lo hizo. Le dio un regalo a Jesús y Dios lo agradeció, por tal motivo, su testimonio aparece registrado en los 4 Evangelios del Nuevo Testamento y cumplió la profecía de Isaías.
Una tumba nueva de ofrenda. Un acto desinteresado y solidario de amor para el Señor.
Sin embargo, hay algunas preguntas que surgen de lo que hizo José: ¿Por qué se preocupó por Jesús? ¿Cómo se arriesgó de esa manera, aún cuando sabía que Jesús era tan odiado por un gran sector de la población? ¿Por qué no midió el riesgo al que se estaba exponiendo con sus colegas del Sanedrín? ¿Le habrá dolido sacar de sus ahorros personales para adquirir un sepulcro para el Señor? ¿Por qué no compró una tumba usada -que son más baratas?.
Las respuestas a estás preguntas son contundentes: Quiso voluntariamente dar una ofrenda generosa al Señor. Se preocupó porque el Señor no tenía una tumba. Actúo con valentía sin importarle los comentarios egoístas y negativos. Su decisión fue un reflejo de su fe en Cristo. Dio con amor, por esa razón no le importó el monto. Compró una tumba nueva, porque sabía que Jesús se merecía lo mejor. Además, por si fuera poco, quitó a Cristo de la Cruz, limpió su cuerpo ensangrentado, lo envolvió con una sábana limpia y junto con Nicodemo lo ungió de especies aromáticas y lo sepultó.
La ofrenda de la tumba, un acto de amor y generosidad de un hombre que amó a Cristo y le agradeció al Señor su obra Redentora. En esa tumba Dios hizo el milagro más grande; el Salvador ¡resucitó!, para darnos a todos los que hemos creído en él, perdón, salvación y vida eterna.
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