Estimados amigos, les ofrecemos con gusto cada semana un artículo que alimente y fortalezca su devoción al Señor.
"EL HOMBRE SIN NOMBRE"
Por Lic. Ronald Mora Rojas.
"Había un hombre rico que se vestía lujosamente y daba espléndidos banquetes todos los días. A la puerta de su casa se tendía un mendigo llamado Lázaro, que estaba cubierto de llagas y que hubiera querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. Hasta los perros se acercaban y le lamían las llagas" (Lucas 16:19-21).
La Biblia contiene en el libro de Lucas una enseñanza de Jesucristo, que ninguno de nosotros debe pasar por alto. Son palabras y hechos reales de dos hombres: uno que vivió con todos los lujos existentes y otro que lo hizo en circunstancias de adversidad total.
El hombre rico tenía su mansión en la cual celebraba fiestas y banquetes todos los días. Sus trajes elegantes y de "marca" lo distinguían de las demás personas. Su vida era un viaje de placer, pero su gozo se acabó cuando un indigente decidió posarse a la entrada de su residencia.
Jesús nos brinda el nombre de ese hombre pobre: Lázaro; además, nos dice que estaba cubierto de llagas, que anhelaba llenar su estómago con los desperdicios que caían de la mesa del rico.
¡Qué historia tan dura y cruel! Dos hombres, dos clases sociales diferentes. El rico despreciando al pobre y el pobre observando desde la puerta cómo el rico prefiere botar los sobrantes de los alimentos, antes de ser generoso con su prójimo.
Sin embargo, esta historia no termina allí, a estos dos hombres los visita la muerte y son ubicados en diferentes lugares: Lázaro es trasladado por unos ángeles a un sitio de consuelo y paz junto al seno de Abraham. El multimillonario después de sepultado abrió los ojos y se dio cuenta que estaba en el infierno, un lugar de tormento, de fuego, dónde no hay compasión, ni agua para saciar la sed y dónde no existe una puerta de salida…
Jesús nos enseña los dos destinos que hay después de la muerte: el cielo y el infierno.
El millonario, el auto suficiente, el tipo prepotente, al observar que estaba en ese lugar espantoso, pide clemencia y da órdenes para que le envíen a Lázaro con una gota de agua, porque el fuego lo tiene con sed y sufrimiento.
La respuesta de Abraham a su petición es devastadora: le dice que los bienes que disfrutó anteriormente los desperdició, porque sus lujos y fiestas fueron más importantes que Dios. Lázaro por el contrario sufrió padecimientos y pruebas, pero fue fiel a Dios. Y dice la Biblia: "Además de eso, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes de modo que los que quieren pasar de aquí para allá no pueden, ni tampoco pueden los de allá para acá" (Lucas 16:26).
El hombre que nunca había tenido tiempo para Dios, ahora sí tenía un celo evangelístico y clama para que le envíe a alguien de ese lugar a predicarles a sus familiares, para que no vayan al sitio de tormento eterno.
Su petición es denegada. Para eso están los que predican la Palabra de Dios, le responde Abraham, entonces el hombre rico menciona cuál fue el gran error de su vida terrenal: "No les harán caso, padre Abraham..." (Lucas 16:30).
A este hombre, a través de su vida, Dios le puso personas que le predicaron y le recomendaron que se arrepintiera y reconciliara con el Señor, pero… él no les prestó atención. Los ignoró, no tuvo temor de Dios, no aceptó que era un pecador y nunca le pidió perdón a Dios. Su amor por las cosas del mundo lo condujeron al infierno.
En cambio Lázaro, fue más inteligente, le dio prioridad a lo espiritual que a lo material. Pese a su pobreza extrema, le dedicó tiempo a Dios y fue fiel al Señor.
Conclusión: Estimado amigo, el infierno es un lugar real, es un sitio de tormento donde hay millones de almas perdidas, que se están quemando lentamente, esas personas claman por una segunda oportunidad, pero ya es demasiado tarde, porque despreciaron la salvación y vida eterna del Señor Jesucristo.
Hoy Dios nos brinda la maravillosa oportunidad de poder elegir nuestro destino después de la muerte. No desperdicies tu eternidad en el infierno. Haz una oración a Dios en el Nombre de Cristo Jesús, reconoce tu pecado, arrepiéntete y pídale que te perdone, e invítalo a entrar a tu vida. El Señor Jesucristo te sellará con el Espíritu Santo y anotará tu nombre en el Libro de la Vida y así podrás compartir con Jesús la eternidad en el Cielo.
Para finalizar, permítame decirles el por qué Jesús no mencionó el nombre del hombre rico: "Y el que no se halló inscrito en el Libro de la Vida, fue lanzado al lago de fuego" (Apocalipsis 20:15).
Ahora, ya podemos comprender porqué el rico al morir se quedó sin nombre: no tenía su nombre registrado entre los hijos de Dios.
Recuerda: "Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro" (Romanos 6:23).
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